viernes, 22 de julio de 2011

Dos Caras, de Rodrigo Luna


Debía ser frío, ya que no podía permitirse fallar por nada en el mundo y menos ahora que su palabra y su honor estaban en juego. Sus golpes debían ser bombas atómicas, su cuerpo debía ser una montaña de titanio, debía ser rápido como una bala… y no podía permitirse nada menor que eso ya que eso era lo que se esperaba del “Mysterious Clown”.

Se puso el gorro de bufón y se acomodó los guantes mientras comenzaba a caminar hacia el círculo de combate, estaba tenso, sentía miedo, pero no lo mostraba, su deber era esconderlo todo. Las luces del lugar deformaban su sombra dándole un aspecto tétrico, sus ropas, unos pantalones negros con decenas de parches blancos mientras que su camisa era blanca pero estaba completamente escrita con marcador negro, contribuían a la ilusión de aquel payaso misterioso.

Ahí estaba su contrincante en medio del círculo, sonriente confiado de su propio poder sin entender la tormenta que lo miraba a los ojos. El payaso contra el Coyote, siempre había sido el gran clásico de todos los torneos, pero esta vez era diferente no era un torneo ni una competición, esto era un desafío, esto era personal.

Su corazón latía con fuerza, la ira comenzó a suplantar su miedo, poco a poco lleno de adrenalina su sangre, sus músculos se tensaron y apretó los dientes para contener la ira, para no malgastarla en palabras y descargarla como meteoros sobre aquel “perro misero” que osaba plantarse en su círculo.

Se dio la señal y avanzó hacia el coyote arrinconándolo, el perro esperaba pues no era su primera vez contra el payaso y sabía que perdería la paciencia tarde o temprano. El primer golpe casi lo noquea pero rodó en el suelo para levantarse rápidamente respondiendo con una patada que sorprendió al bufón que apenas pudo bloquear para quedar abierto ante ese segundo golpe que dio en su rostro empujándolos hacia atrás. El lobo no perdió el tiempo y arremetió contra el arlequín golpeándolo en el pecho para luego patearlo en la cintura lanzándolo hacia el suelo. El bufón se paró algo mareado por aquel golpe al rostro y agitó la cabeza y luego sintió lo que el llamaba su “momento mágico”, sintió como una extraña tranquilidad inundaba su cuerpo y sus pensamientos se volvían más claros, el mundo lentamente perdía su velocidad hasta detenerse y por ese pequeño segundo todo tenía sentido… él estaba ahí porque el pulgoso había mentido y cuando mintió lo hizo para estar ahí, arremetió contra aquel perro golpeándolo varias veces en su pecho y rostro arrastrándolo hacia atrás sin dejarlo caer hasta llevarlo al límite de la arena donde lo lanzó hacia el centro y dándole una patada en el pecho lo lanzó al lado opuesto dejándolo que se levante, él no podía permitirse que esta pelea terminara por descalificación, esta ves irían hasta el final.

La pelea continuó y también los golpes, esos 25 minutos de castigo, fueron demasiado para ellos, ya que eran luchadores de 5 minutos todo su plan se basaba en un K.O. rápido, no en una victoria por puntos no en la resistencia de su stamina, ellos siempre apostaban al todo o nada. Ahora cada golpe solo era impulsado por su voluntad y su ego, él no podía permitir que mintieran sobre él y mucho menos arruinaran su nombre y su reputación, manchándolo de traidor y cobarde, entonces lo entendió él estaba ahí porque el coyote había mentido, el coyote mintió para estar ahí porque quería estar ahí para aumentar su territorio y el estaba ahí para proteger su nombre y la reputación de los payasos… era simple solo negocios o eso pensaba cuando todo esto empezó, pero cuando realmente lo pensó en realidad el estaba ahí porque…

Un último golpe tumbó al coyote en el suelo dejándolo fuera de combate, el bufón estaba agotado respiraba con dificultad, había vencido por lo que era el más fuerte, pero aun así no estaba orgulloso del resultado. Miró al perro en el suelo y lo levantó ayudándolo a caminar hacia la banca sentándolo, y luego sin decir una palabra volteó marchándose del lugar. Todo había terminado, el bufón sonrío al pensar en la paliza que le esperaba en su casa, “esto me lo gano por ser tan testarudo” pensó y comenzó a reír sin dejar de caminar.

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Venía de una pelea eso era visible a simple vista en su labio partido y su pómulo izquierdo inflamado, estaba bastante golpeado pero no parecía preocupado, más bien era todo lo contrario… era como si un aura de tranquilidad se posara en él, él sabía que estaba apunto de saltar a la jaula de la leona y eso era inevitable por lo que no encontraba un porqué para angustiarse.

Cruzaba la calle cantando una canción con el ritmo hipnótico de un hip-hop, sonreía mientras caminaba lentamente cojeando solo un poco, con la pierna derecha. Un sombrero de bufón, unos pantalones negros cubiertos de parches blancos y una camisa blanca escrita con marcador, le daban ese toque que se necesita para tener un aspecto misterioso, caminaba tranquilo cojeando solo un poco lo que llamaba atención de las pocas personas que recorrían aquellas calles desoladas a esas altas horas de la noche.

El joven sonreía mientras cruzaba la última calle que lo separaba de su hogar, se detuvo a mirar aquel edificio antiguo y enorme que él tenia el orgullo de llamar hogar, que tenia el honor de llamar “CAZONA”. No tocó la puerta sino que se detuvo a un lado de la puerta apoyándose en la pared que sobresalía del marco, sacó su celular y revisó entre sus contactos hasta llegar a la “h”, buscando la palabra “hermanita” entre las decenas de contactos que empezaban con aquella letra, sonrío conociendo lo que estaba por pasar y sintió un pequeño deja vu en el aire. Llamó al numero que aparecía en la pantalla y una sonrisa se dibujo en su rostro, preparándose mentalmente para lo que venía.

El teléfono sonó 2 veces antes de que lo atendiera una voz femenina y suave aunque soñolienta – ¿hola? – se escuchó del otro lado de la línea – ¿quién es? – Agregó, antes de soltar un largo bostezo, el joven rió y chasqueó la lengua – soy yo – respondió, contento de escuchar una voz familiar – ábreme estoy abajo y está helando - Del otro lado de la línea se escucho una exclamación y el sonido de alguien parándose de golpe sobre el piso de madera – espérame ahí – agregó la chica, perdiendo el tono dulce y cambiándolo por una rabia ciega, colgó de golpe lo que dejó al payaso viendo el celular con una mezcla de miedo y asombro. No había pasado ni un minuto cuando una chica de cabello castaño vistiendo un piyama le abría la puerta mirándolo con una mezcla entre alivio y rabia.

Entro en la casa, rengueando lentamente hasta que llegó a la sala de estar, la joven lo había visto renguear hasta ahí en silencio mirándolo enojada – entupido – murmuró apretando los puños – eres un entupido – repitió cerrando con fuerza los ojos, el bufón se quedó duro sin decir nada, completamente congelado en el lugar que se le hacía cada vez más pequeño, sin poder abrir la boca, sabiendo que ella tenia la razón – lo siento – respondió mirando el suelo – pero tenía que hacerlo – agregó sin apartar la vista de sus pies, usando esa vaga escusa para justificar el hecho de que le gustaba pelear. La chica escuchó esas palabras, escuchó esa vaga escusa y no lo pudo aguantar, caminó hacia él y parándose frente a él lo miró con furia – ¿lo sientes? – Preguntó fuera de sus casillas tratando de contenerse – eres un tarado – gritó al abofetearlo con fuerza mientras rompía en llantos. Él no sabía que le dolía más el golpe, que de haber sido en el círculo hubiera sido algo impresionante, o cada lágrima que rodaba por las mejillas de la joven, trató de mantenerse frío, de meterse en su armadura pero se sintió superado por cada una de esas gotas de cristal – no llores – dijo casi suplicando sintiéndose la peor persona del mundo – estoy bien – agregó gritando en su mente, volviendo en sí, volviendo a ser el bufón confiado y alegre que no dejaba que nada lo alterara.

Se quedaron en silencio mientras ella lo miraba tratando de calmarse, pero no pudo olvidar lo que el bufón había hecho. Pasaron los minutos y no pudo contenerse más, cerró los puños y lo golpeó en el rostro dejándolo sentado en el suelo, la joven sonrío más calmada sacándole la lengua en un gesto burlón y lo ayudo a levantarse, “cada vez me golpea con mas fuerza” pensó el bufón y sonrío parándose – ¿por qué me pegas? – preguntó llevándose una mano al rostro palpando su pómulo derecho ahora inflamado por el golpe – rayos golpeas fuerte – se quejó con un tono bromista mirándola sonreír, ella le guiñó un ojo y comenzó a subir las escaleras – te golpeo porque eres un imbesil – respondió sin detenerse – te deje hielo, alcohol y vendas sobre la mesa – agregó desde la parte de arriba de las escaleras mirándolo con una combinación de alegría y cariño para luego desaparecer. El bufón miró la mesa y comenzó a caminar hacia ella – eres rara – le gritó sabiendo que ella escucharía, se sentó en una silla y vio como todo ya estaba listo – gracias – murmuro para sí mismo – pero golpeas muy fuerte… - unos brazos lo tomaron de atrás y un beso en su mejilla lo sorprendió – de nada – dijo una voz suave – pero no dejas de ser un imbesil… un imbesil sexy – la joven lo soltó y corrió hacia las escaleras, el joven la miró alejarse sonriendo – buenas noches – dijo mirándola subir las escaleras – duerme bien – agregó destapando el alcohol. La joven se asomó por las escaleras y lo miró – que duermas bien… hermanito sexy – dijo y corrió subiendo las escaleras – y deja de hacer idioteces – gritó desde el primer piso para luego cerrar su puerta. El bufón se quedó viendo las escaleras negando con la cabeza – ya le dije que no soy sexy… - murmuro para sí mismo comenzando a limpiar las heridas – solo soy guapo…


Por: Rodrigo Luna Segovia.


2 comentarios:

marcela segovia dijo...

que buen cuento, me encanto!!!
marcela

marcela segovia dijo...

que buen relato, brillante entretenido y muy fluido, me encanto